En la crianza de los cerdos, cuando los
pequeños gorrinos nacen, la madre les alimenta a todos por igual, se tumba
mientras los pequeños cerditos buscan la manera de amamantar. Esas crías de
cerdos luchan entre ellos a empujones por conseguir la mejor posición para
comer de la madre, no se preocupan si otro come o no, solo les importa el yo y
el momento. A diferencia, la madre solo da, sin intención alguna de recibir nada
a cambio, solo espera a que sus crías se hayan alimentado.
Es
natural del ser humano el querer recibir de los demás, el esperar algo a cambio
de todo. Vivimos en un mundo donde nos hemos acostumbrado a querer recibir sin
ni siquiera dar, un mundo donde no sabemos quiénes somos ni vemos más allá de
una simple recompensa a un hecho “altruista”.
Nadie da nada sin esperar nada a cambio y
con esa idea empiezo mi reflexión.
Si alguien lee esto y su llega hasta este
punto, significará que espera recibir algo a cambio de lo que el da. ¿Esperar
algo de simplemente leer una reflexión de un don nadie? Así es, nada más lejos
de la reflexión, la realidad es que cada acción que llevamos a cabo en nuestras
vidas están encaminadas a conseguir algo.
El estudiante espera dar su esfuerzo para recibir una formación o un
trabajo, el currante realiza un trabajo para lograrse un sueldo, el que dona su
sangre espera de alguna manera en principio desinteresada, en el fondo de su
ser, sentir que alguien se lo agradece… y así con todas las personas del mundo.
Estamos condenados a la acción-reacción de “trueque” del que habla Ángel
Barahona en su conferencia, vivimos condenados al intercambio de seres a través
de lo que realizamos, la virtud de dar por la necesidad de recibir.
Entonces, ¿cómo puede este simple texto
darme algo en contribución a mi esfuerzo por leerlo?
Seamos sinceros, nadie piensa leer una
reflexión sobre un tema que bien podemos marcar de filosófico si su párrafo
inicial, nos describe los primeros hechos de lactancia de unas crías de cerdo.
Y claramente no seguiría leyendo más, a menos que ese alguien esperara recibir
algo de tal reflexión, algo que no tiene por qué ser visible, si no que puede
estar en su propio ser, el simple hecho de recibir una idea reflexiva por el
esfuerzo invertido en leerlo.
Así pues, repito la frase con la que
comencé esta reflexión sobre la gran reflexión que es el texto, podríamos decir
que vuelvo a citar la “introreflexión” de mi desarrollo del texto. Si alguien
llega a este punto del texto, nos encontramos con alguien que busca recibir
algo más que la simple vana lectura de este texto. Esa persona busca encontrar
la respuesta a lo que ni si quiera aun se ha preguntado, al menos no
conscientemente, necesita una respuesta a una pregunta tan sencilla como la
siguiente: ¿qué es eso que se supone, tan desesperadamente necesito?
Nadie
nos conoce tan bien como nosotros mismo, Mario Quintana se atreve a decir que
todos los DNI son falsos, que no somos lo que mostramos.
Es importante saber quiénes somos y como
queremos que nos vean, es importante saber que queremos que piensen de
nosotros, o que esperamos que digan de nosotros cuando no estamos.
En este mismo momento es en el que muchos
se reirían y pensarían que a ellos les da igual lo que los demás piensen de
ellos, pero debo discernir sobre esa segura idea que tengan. La propia idea de
pensar que te da igual lo que piensen de uno mismo, ya da alas a que nuestro
cerebro interprete que tenemos un esquema donde los demás ya entran en él y de
una manera u otra, influyen en nuestro ser y actuar.
Según Enrique García Máiquez, el humor se
propone hacia otros y el amor hacia uno mismo y debería ser al revés, hacer
humor sobre nosotros y emitir amor por los demás.
Está claro, a todos nos saca una carcajada
el mal ajeno (una caída, tropiezo, mal acto) y no lo podemos evitar, nadie
puede decir que nunca se ha reído de algo de los demás. Sí, somos humanos y el
ser humano es el ser más cruel que existe.
Pero no siempre es algo buscado, la idea
de que otro tenga o sea algo que nosotros no tenemos nos hace sentirnos mal,
inferiores. Es por ello por lo que cuando ese o esa a la que tenemos cierta
“envidia” sufre de la manera que sea, nosotros encontramos una especie de
placer dentro nuestra. Lo malo es, que a medida que ese placer mejora nuestro
estado de ánimo momentáneo, nuestro ser va disminuyendo y dejamos de ser
nosotros, para ser algo más pequeño y sin existencia.
Así pues, no es lo que el otro es, si no
lo que nosotros no somos lo que nos hace sentirnos inferiores o mal. Entonces,
por qué no buscamos qué es eso que cada uno tenemos y lo sacamos afuera, en
lugar de hacernos cada vez más pequeños a la hora de intentar crecer frente a
los otros en eso que no somos.